jueves, 23 de noviembre de 2017

El trastorno de la joven del agua




EL TRASTORNO DE LA JOVEN DEL AGUA






“Hubo un tiempo en el que el hombre y las criaturas del agua estaban unidos. Ellas nos inspiraban, nos hablaban del futuro. El hombre escuchaba y todo se hacía realidad, pero el hombre no sabe escuchar muy bien. La necesidad del hombre de apropiarse de todo lo llevó a alejarse tierra adentro. El mundo mágico de los que viven en los mares y el mundo de los hombres se separaron. Con el paso de los siglos ese mundo mágico y todos sus habitantes se dieron por vencidos. El mundo del hombre se volvió más violento, se sucedieron las guerras al no haber guías a quien escuchar. Ahora, las criaturas del agua vuelven a intentarlo, intentan llegar a nosotros. A unas pocas de las más jóvenes las han enviado al mundo del hombre, las han llevado a altas horas de la noche donde habita el hombre. Un fugaz cruce de miradas... y el despertar del hombre se hará realidad. Pero sus enemigos deambulan por la tierra. Si bien hay leyes para proteger a las más jóvenes las envían conscientes de que sus vidas corren un gran peligro. Muchas... no regresan. A pesar de todo lo intentan, intentan ayudar al hombre... pero el hombre ha olvidado como escuchar”


El trastorno bipolar padecido de nacimiento.
¿Arroja alguna bendición al individuo o condiciona su crecimiento maldiciendo el proceso?
Cuando la voz del narrador pronuncia la cita anterior al comienzo del film ‘La joven del agua’, debo reconocer que siento un estremecimiento en mi interior. Esa sensación casi global de pérdida que los seres humanos experimentan al nacer, y queda encapsulada en algún lugar del subconsciente, me lleva a pensar que resulta algo así como partir de un esplendoroso universo de magia para aterrizar de mala manera en una realidad carente de ella. Con fortuna se contará con unos padres como los míos, capaces de generar una plausible emulación de ese hipotético mundo mágico que todos dejamos atrás. Durante esos años, si la buena fortuna está de nuestro lado, sentiremos el eco de esa magia lejana, en forma de imaginaciones y pensamientos, sueños y maravillas por descubrir. El estremecimiento que he comentado, envuelto y presentado en forma de feliz y segura infancia, llena de un amor incondicional por parte de nuestra familia.
Sin embargo, ahí parece estar algo así como el ying y el yang, las sombras arrojadas a las llamas de la luz, y o bien no se goza de esa suerte, o bien cae en la mezcla un ingrediente, como por ejemplo, la problemática de la salud mental.




“Tus pensamientos son muy tristes. Estás así desde una noche. Una noche en que un hombre entró en tu casa y tú no estabas.”


Dicen de este trastorno que es el trastorno de la melancolía.
Yo, en lo que identifico de mí en la infancia, no era precisamente de carácter mustio y marchito. El tornado casi histérico de actividad que suele acontecer a esas edades adquiría por momentos, y según que seres queridos, cotas que lo elevaban a la categoría de huracán. Esos picos altos, afortunadamente hoy en día, comienzan a levantar alarmas que conducen a diagnósticos muy prematuros que, con las debidas terapias, palían crecimientos torcidos cual tronco de árbol. Pero no fue ese mi caso, y las sombras llamaron a la puerta de mi mente bien pronto, en forma de pesadillas en las que haré hincapié más adelante, centrándome ahora en el primer sueño lúcido que recuerdo haber tenido. Una gran sombra, abrazándome tras un periplo por la negra y neblinosa noche de un bosque, susurrando palabras que quedaron grabadas a fuego. Siempre permanecería conmigo.
A partir de ahí, una serie de fallecimientos de gran relevancia para mí y mi mundo de maravillas hicieron que en el pozo interior que todos poseemos, se cavase tan y tan hondo, que se abrió una compuerta a un territorio, supongo, bien conocido por los maníaco depresivos. El yermo paraje calcinado de un dolor que supera las experiencias vividas, como si de algún modo siempre hubiese existido, aguardando visitantes.
Eso instauró los dos polos en mí por vez primera, entre los que estuve oscilando sin demasiado raciocinio durante años, meramente limitándome a improvisar en busca de una estabilidad que ni siquiera sabía haber perdido desde buen inicio.
Las musas, no obstante, cantaron su dulce melodía lanzándome al dibujo.
La narf Story, que protagoniza ‘La joven del agua’, no será en este texto una de esas musas, sino la parte creativa, integrante del yo sano que alberga todo bipolar. Así pues, primero con el dibujo y finalmente con la escritura, forjé la identidad que habría de blandirse con el mundo que nos rodea en busca de su lugar y, quizá, las maravillas y el eco mágico de lo dejado atrás, donde la felicidad no resulta una quimera. Durante años, siendo Story, viví y aprendí. Más bien pronto que tarde, sin embargo, las sombras no llamaron a mi puerta, sino que se colaron desapercibidas por las rendijas del hogar de mi mente a cada trago de mis primeras dosis de alcohol.
Cuando Story se dio cuenta, ya no estaba sola.
Cuando mi mente habló consigo misma, otra voz le respondió.
Un Monstruo había nacido.



“Tenerles miedo es lo que ha mantenido la justicia en el mundo azul por siglos.”


Voy a usar al Scrunt, la bestia malvada de ‘La joven del agua’ y cuya misión es acabar con la vida de la ninfa Story, para intentar finalizar esta comparativa con un cierre que resuma el dilema que este aspecto del trastorno me supone aún hoy.
La historia con el alcohol, en su punto medio, dinamitó mi mente y me lanzo a un diagnóstico y crisis periódicas que cumplen década de modo reciente. A mayor consumo (pues en un principio la sedación recuerda a un potente estabilizador), mayor número de actos perpetrados desde esas sombras que finalmente acabaron por estrangularme. El Scrunt, el Monstruo que nació o despertó en mí, no va a ser en este análisis el lado oscuro del ser humano, sino la enfermedad cuando episódicamente asalta tu boca y habla, y dispara, por ella.
¿Que por qué me resulta un tema escabroso? Pues porque establecer una frontera entre el lado oscuro que me acompaña desde mi sueño con la Sombra encapuchada, y el dantesco escenario que se dibuja cuando el trastorno adquiere el control, es harto complicado.
Unas veces soy Story creando y sonriendo a las maravillas invisibles, huyendo de la bestia que acecha a cada esquina de mi mente… Otras soy el Scrunt, con los ojos inyectados en el color del alcohol o desquiciados por la manía psicótica, mordiendo y desgarrándome, destruyendo todo cuanto poseo, todo cuanto soy… Con tal de llevarme a Story por delante.
‘La joven de agua’ es un cuento precioso. Lo que representa este texto, ‘El trastorno de la joven del agua’, empezó muy bien y ahora se encuentra en un punto crítico de máxima tensión. Pero la vida no es una película.
Como me aconsejan personas de mucha luz, debo encontrarme a mí mismo. Hablar conmigo mismo. Escribir me ayuda a hacerlo. Que Story deje de huir de una vez por todas y mire a los ojos al Scrunt, quizá esa sea la única forma de plantarle cara, por mucho miedo que se tenga.


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martes, 21 de noviembre de 2017

Los enfermos de Oskar Schindler




LOS ENFERMOS DE OSKAR SCHINDLER






Amon Goeth: "Hoy es un día histórico. El día de hoy será recordado En años venideros los jóvenes preguntarán con asombro acerca de este día. El día de hoy hará historia y vosotros seréis parte de ella. Hace 600 años cuando en todas partes los culpaban de la peste negra, Kasimiro el Grande, así le llamaban, invitó a los judíos a venir a Cracovia. Vinieron. Trajeron sus pertenencias a la ciudad. Se instalaron en ella, se afianzaron y prosperaron. En los negocios, la ciencia, la educación, las artes. Llegaron sin nada, ¡sin nada! Y florecieron. Durante 6 siglos ha habido una Cracovia judía. Pensadlo bien. Esta noche esos 6 siglos serán sólo un rumor. Nunca ocurrieron. Hoy es un día histórico."


Ralph Fiennes interpreta en La lista de Schindler a un oficial nazi cuyo desprecio y odio a los judíos llega a cotas tan dantescas que aterriza prácticamente en la total indiferencia a la hora de matarlos.
Hablo desde mi experiencia cuando puedo asegurar que en el ámbito de la salud mental habitan personas que comparten muchos de los rasgos de este personaje. También por la de otros compañeros, por supuesto, no se vaya a interpretar que emito un juicio desde recuerdos alterados en fase de locura.
El ayudar al enfermo mental es una labor que muchos psicólogos y psiquiatras llevan a su manera, por no decir que su labor recuerda peligrosamente a la indiferencia de Amon Goeth. Las condiciones, ya de por sí duras en los centros de salud mental, adquieren gravedad en los Ghettos, o si preferís, los ingresos psiquiátricos. Sean de la naturaleza que sean, tanto voluntarios como involuntarios acaban surcando el mismo túnel, un sendero donde a parte de privarte de tu dignidad y espolearte en la rígida dirección del cuadro de mando, sueles acabar preguntándote mientras rebotas de pabellón en pabellón si la historia realmente tendrá un final.
Si ese final es un pabellón de crónicos, puedes dar por sentado que serás tratado, y referido, como auténtica escoria, como llegó a pasarme a mí en un maldito despertar por parte de un celador de difícil olvido. Si bajas la guardia en ese lugar… Al cerrar los ojos bien podrías sentir la ceniza cayendo como nieve en tu rostro, de lo cerca que estarás de tu propio fin.
Cuando finalmente emerges, sales a la calle y tratan de “reinsertarte” en la sociedad, tienes que mirar amablemente al “profesional” que te atienda, a riesgo de, en caso contrario, verte de nuevo inmerso al comienzo del túnel.





Itzhak Stern: "Mire. Esta lista es el bien absoluto. Esta lista es la vida. Más allá de sus márgenes se halla el abismo."


¿Hay luz al final de ese túnel?
Así como le ocurrió a Ben Kingsley en su papel del contable Itzhak, un enfermo mental puede tener suerte y no sucumbir al horror de una etapa en el Ghetto.
Evidentemente, las heridas nunca sanarán del todo. Los efectos de una medicación que, no solo se cronifica, sino que en muchos casos va en aumento, son devastadores a tanto a nivel mental como a nivel físico. Porque, aunque te vendan la meta de la estabilidad por bandera… ¿Qué hay de la niebla que se espesa en tu mente sedando tus sentidos? ¿Es ese un precio que se tenga que pagar obligatoriamente por algo de lo que no se tiene ninguna culpa?
Durante un tiempo pensé que existía un oasis en forma de hospital de día donde los mecanismos de funcionamiento actuaban de modo bien diferente, lanzando excelentes resultados, e incluso “salvando” de la quema que supone la entrada en la oscuridad, el túnel o el abismo a muchos pacientes. Ahora dudo incluso de ese lugar, de sus mecánicas tediosas que apenas varían.
Sin embargo, sí que detecto una difuminada luz cuando me encuentro ingresado, huyendo del juicio de celadores y temiendo a psiquiatras como si de un comandante nazi apuntándome con su arma y su mirada se tratasen.
Hay algunos profesionales, unos pocos, que parecen tener un tacto y una empatía especiales.



Oskar Schindler: “En cada negocio que emprendí, ahora lo veo, no fui yo quien fallo, siempre faltaba algo; aunque hubiera sabido lo que era, no hubiera podido hacer nada porque es algo que no se puede crear; y que marca la diferencia entre el fracaso y el éxito... la guerra.”


¿Se podría imaginar una distopía en la que se pegase un giro a los acontecimientos y los profesionales de la salud mental fuesen juzgados en función de sus actos perpetrados? Desde luego sería una distopía para un nutrido grupo, incluso para las gentes que corren a refugiarse o aislarse de los enfermos mentales, por pavor a lo desconocido o porque también alzan enérgicamente su brazo derecho cuando un enfermo cae en condena.
Supongo que estos pensamientos me nacen de la ira, de la rabia por la frustración acumulada en unos años terribles.
Igual que Liam Neeson en su papel de Oscar Schindler experimenta una suerte de evolución como persona y ser humano, considero que mis tiempos de rebelión contra primero la psiquiatría y finalmente contra todo y todos, incluido yo mismo, han quedado atrás.
Ahora busco luces, en momentos y personas, que acrecienten la visión de una salida al túnel. Porque no se trata de que los enfermos mentales al ser encerrados seamos recluidos en una especie de Ghetto del siglo XXI. Se trata de que incluso cuando se está en libertad se tiene la sensación de estar enjaulado en condiciones durísimas, primero dentro de una sociedad como la que nos ocupa, y finalmente en una mente traicionera y un tanto torturadora.
Así pues, mi Oskar Schindler en particular, son esos profesionales que sí ostentan una vocación a la altura de su empatía con el enfermo. Son esas personas que pese a conocer a corta, media o larga distancia lo macabro que puede llegar a ser un cerebro enfermo, siguen ahí, luchando y peleando. Remando todos juntos por las cloacas del túnel en dirección, siempre, a la luz.


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lunes, 20 de noviembre de 2017

Mis reseñas: La luz en el espejo (Tes Nehuén)

MIS RESEÑAS


LA LUZ EN EL ESPEJO



Lectora demente. Redactora en Poemas del alma y Pizza vegetal. Autora de "Cuentos para aprender a volar"


Dado que esta es mi primera incursión en el territorio de las reseñas literarias, pido disculpas de antemano a Tes Nehuén, a la que agradezco enormemente el ejemplar que me ha brindado de ‘La luz en el espejo’, por si mi torpeza resulta demasiado evidente.
Me gusta leer poesía… Aunque mis conocimientos al respecto carezcan de base alguna. Así pues, me limitaré, o más bien me centraré, en narrar lo mejor que pueda lo que me ha transmitido la primera obra de este poemario, titulada ‘Puro’.


PURO

En el espejo mi doble es tal vez mi contrario
ANNA AJMÁTOVA

La elección inicial que sirve de bienvenida ya nos prepara para una carga rotunda de profundidad, a la vez que augura la visión de ciertas sombras… Que no harán sino que crecer gigantescamente de ahora en adelante.
‘Puro’ en muchos puntos me resulta como pegarle una calada a un pitillo de tabaco seco, del que raspa la garganta y te obliga a beber algo. La buena noticia es que ese algo se acaba revelando en el paladar de la memoria como un vino excelente.
Una mujer vivirá en su fuero interno un viaje, qué digo, una impresionante odisea, que perfilará las vidas y rostros tanto de sus familiares como de sí misma. Mientras ese perfil toma forma, como si de una daga con bordes dentados se tratase, a golpe de versos muy trabajados o de genial espontaneidad, nos veremos introducidos tan en el interior de esas personas que prácticamente podríamos abrazar sus almas.
Sentiremos el frío de una niña desencantada, las sombras perennes de su interior incluso cuando el sol castiga más duro… Escucharemos “esa voz” que la maniata y a la que ella se dirige en un constante diálogo. Navegaremos por las oscuras profundidades donde habitan esas sombras, hasta comprenderlas, quizá odiándolas, quizá amándolas.
Como a esa desagradable calada al pitillo, desde el abuelo frente al océano a la madre inmóvil, desde el padre muerto vivo a los pisotones de Narciso, todo es cuestión de ir leyendo, disfrutando de una lectura para mi opinión de elevado nivel.

Más aún si al final, cuando el eco del recuerdo acude, el sabor el trago inunda el paladar del mejor de los sabores.








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Un año en el Abismo de Helm





UN AÑO EN EL ABISMO DE HELM






"Un nuevo poder resurge, su victoria está cerca, esta noche la tierra será mancillada con la sangre de Rohan. Marchad al abismo de Helm, no dejéis rastro de vida.
¡¡¡GUERRA!!!, no habrá amanecer para los hombres."

Tal y como hizo el pueblo de Rohan, un bipolar, ante un ligero cambio en la marea maníaco depresiva, tiende a recluirse en un lugar seguro. La cuestión radica en si resulta demasiado acertado quedarse a solas con un mismo cuando se recomienda enardecidamente no hacerse demasiado caso en dichas fases.
Se tratan en mi caso de tiempos de espera. Un augurio se dibuja siempre en el horizonte, y es malo, pese a que a menudo se antoje en forma de presente cual caballo de Troya. El encierro en uno mismo suele acontecer ante la perspectiva de una época de desencanto, de una desesperanza profunda que pese a que no puede ser medida, sí puede, y de qué manera, sentirse. Ante tal panorama puede parecer que un viraje a los picos altos de la enfermedad puede ser una buena solución al problema… Pero nada más lejos de la realidad.
Es la primera vez que uso el símil Orco – Hipomanía.
Como una estructura piramidal, que nos llevaría de pelearnos contra las hordas de orcos de la hipomanía, pasaríamos indefectiblemente a batallar contra poderosos Uruk Hai ya en los fuegos de la imparable manía, para finalmente sentir al Gran Ojo en el mismo momento que, ya cerca de la cima de la pirámide, la psicosis detonase nuestro juicio.
Eso es precisamente lo que llevo haciendo todo este año 2017, desde su mismo inicio hasta seguramente su final.



"¿Qué ha sido del jinete y su caballo? ¿Qué del cuerno y su reclamo? Han pasado como lluvia en las montañas, como viento en la pradera. Los días se apagan en el oeste, tras las colinas, sumidos en la sombra. ¿Cómo hemos llegado a esto?"

Como cuando Theoden reflexiona acerca de la extinción de tiempos más gloriosos, es lógico extender una previsible reacción en todo ser humano de verse en esa tesitura. Un bipolar, por supuesto, se encuentra en ese grupo, aunque con la particularidad de que su reacción a exageradas cargas de nostalgia y melancolía será, normalmente, exponencialmente exagerada.
Así pues, cuanto más dolor y frustración se acumulen por un tiempo prolongado, encerrados en una suerte de Absimo de Helm doméstico, más poblado acontecerá el ejército que Saruman nos enviará para arremeter con todo contra nuestra mente debilitada.
Esto me hace reflexionar acerca de las palabras de una buena amiga acerca de la culpa. Liberarse de la culpabilidad padeciendo una enfermedad mental se me antoja una tarea imposible, por la continuidad y la naturaleza periódica de los episodios. Minimizarla todo lo posible ya es algo más factible, aunque requiera un trabajo y persistencia diarios. Resulta difícil, triste, admitirlo, pero el “chubasquero” que el núcleo de un enfermo mental debe saber ponerse para que en las peores fases los ataques hirientes no causen mella es absolutamente necesario. Es algo que parece enfriar las relaciones y aflojar los lazos, pero basta con echar la vista a los devastadores tiempos en los que uno sí hería, para darse cuenta de que todo es mejor así.
Quizá en tiempos mejores, tiempos de estabilidad, una hoguera que languidece despierte, y los lazos vuelvan a lucir fuertes.


Espera mi llegada con la primera luz del quinto día, al alba, mira al este.


Es frustrante que cada vez que parece que estás en una buena racha, todo acabe en un psiquiátrico donde resetear tu vida. En la década que ha transcurrido desde mi diagnóstico, la tendencia no ha sido otra.
Bien es cierto que me ha acompañado cierta buena fortuna en cuanto al núcleo de personas que acaban, si no por dar sentido, sí por aligerar enormemente la carga de dificultades, o si preferís, el número de hordas, a las que me enfrento.
No me han abandonado en el campo de batalla.
Tengo la sensación de que si persisto, a no mucho tardar la estabilidad al fin se instaurará en mi cabeza. Algo así como escuchar el sonido del cuerno de Helm, “resonando en el abismo, una vez más”. Porque todo suele comenzar así, con una especie de alarma interior que te lanza a la inevitable batalla contra ti mismo. Como si de un engaño del enemigo se tratase, el gozar del sabor de la pelea te conduce inevitablemente a las fases altas del trastorno. Tienes que pelear sabiéndote gravemente herido, en muchos casos con medicaciones exageradas que nublan lo que resulta un valioso tesoro: Tu creatividad y tu imaginación. También adquiriendo el rol de prohibido se encuentran los tóxicos, que en el ámbito de las patologías mentales severas pueden actuar perfectamente como bastón de longevo uso.
¿Qué nos queda, pues, a parte de pelear sintiéndose de mal en peor? ¿Nos queda el alba del quinto día? ¿Quién es Gandalf?
En pasadas fases de locura, esta era una pregunta recurrente que hacía y me hacía. En este pequeño post que nos ocupa, debo reconocer que el mago blanco no es más que otro engaño de nuestra mente, cuya batalla trasciende la del Abismo de Helm tal y como es conocida.
No existe una salvación milagrosa. No podemos vivir pensando que el quinto, el doceavo o el quincuagésimo día, mes o año aparecerá una curación para el trastorno bipolar. Porque nos estaríamos perdiendo lo más bonito que contiene la misma vida.
En ocasiones, sin entrar en términos de justo o injusto, a algunos les toca cargar con pesos mayores, luchar en batallas que de tanto repetirse se convierten en guerras eternas. Pero para eso tenemos nuestra armadura, nuestro escudo y nuestra espada. Para eso tenemos nuestra gente, nuestro juicio y nuestro corazón.


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jueves, 9 de noviembre de 2017

Reseña de 'La cabaña' (Tes Nehuén)




RESEÑA DE 'LA CABAÑA'


Para leer esta reseña en Poemas del Alma sigue este enlace



NOTA DEL AUTOR

Desde el mismo comienzo de esta reseña ya se respira algo especial, se tiene un pálpito de que no va a defraudar en su inmersión en la que es mi obra más compleja. Al menos en mi opinión. 
En esta ocasión no me extenderé demasiado.  Tan solo destacar que la lectura de esta reseña me resultó absolutamente fascinante, que la recomiendo encarecidamente, y que mando un cálido agradecimiento a Tes por ella. 
Espero que disfrutéis tanto como yo, navegando por lo que esta lectora y redactora considera los pros y los contras de 'La cabaña', en su inicial búsqueda de información relativa al trastorno bipolar.



RESEÑA


Aprender a escribir sobre el dolor parece el reto fundamental de todo inicio literario. Porque la escritura es necesidad que crece en lo más hondo hasta que va adquiriendo formas, incluso puede ser durante años una única vía de escape que permite indagar en nuestro interior para entender por qué somos como somos y explicar los hechos más insólitos de nuestra existencia. Y es la escritura el recurso al que se aferra el protagonista de “La cabaña” de Víctor Fernández García y sobre cuyas ideas se va construyendo la trama de esta novela. Un libro que intenta explicar los altibajos que vive una persona que padece de trastorno bipolar.


Bipolaridad y literatura

Llegué a este libro con el deseo de conocer en más detalle las transformaciones que vive la psique de alguien que padece bipolaridad. La negación del dolor ajeno generalmente reside en la incomprensión, de ahí que me haya interesado esta lectura, puesto que visibilizar el drama que padece una persona con bipolaridad puede servir para mejorar el trato que como sociedad les brindamos. Entender para cambiar. Y, sin duda, conocer un trastorno desde la palabra de quien lo experimenta, me parece la mejor forma de acercarse a la verdad que pueda haber en él.
A simple vista, lo que vemos desde fuera es una consecución de ataques de histeria, ansiedad y depresión que se van escalando y que provocan un comportamiento extraño en el enfermo. Sin embargo, si intentamos ir un poco más allá de lo evidente nos encontramos con que el entramado es muchísimo más complejo y presenta miles de matices que se nos escapan. Y a esos matices apunta Víctor, al traernos un personaje que vive en carne propia esos altibajos y es capaz de explicarlos y de anteponerse a las situaciones a las que la enfermedad lo va llevando.
“La cabaña” nos ofrece así un viaje a través de los diversos estados que provoca esta enfermedad y el tipo de reacciones que tienen quienes la padecen. Sin duda puede ser un interesante ejemplo de cómo la literatura puede servir para poner en palabras los laberínticos caminos de nuestra mente.
El protagonista de “La cabaña” se propone crear un árbol que plasme los detalles de su historia, que considera ligada a la historia de toda la humanidad, para comprenderla y predecir lo que pudiese pasar en el futuro. Algo así como un adelantarse a los propios impulsos de la mente, llegar hasta la raíz de las cosas y torcer el destino. Pero la aparición del monstruo, una fuerza interior que ha habitado en sus pesadillas infantiles y que le acompaña desde entonces, le impide alcanzar sus metas. Porque cuanto más se acerca a su verdad, más gigantesca es la sombra, hasta que se vuelve una inmensa mole difícil de esquivar. Esto consigue frenar la exploración del pasado y quita mérito e importancia al presente. La forma en la que Víctor ha conseguido plasmar esa sensación de ahogo y esa dicotomía entre volverse pequeñísimo y a la vez inmenso, tan propia del trastorno bipolar, me parece muy interesante.


Sobre caos y estructura

“La cabaña” se construye de una forma particular; la lectura da cuenta de lo que sucede en la cabeza de una persona con un desorden de identidad y estado anímico, lo que lo lleva a pasar de la tranquilidad a la euforia y de allí a la tristeza más profunda. Para plasmar estas sensaciones, Víctor construye una trama en la que hay pequeños encuentros que tienen lugar en el interior de una cabaña entre varios personajes, que son en realidad uno mismo (y sus muchas personalidades y experiencias posibles) y que se alimenta de diversos textos. Dichos escritos tienen un estilo bien distinto a la narración eje, y nos ofrecen una mirada al interior de la mente del protagonista que nos explica poco a poco la transformación que experimenta. Historias, palabras y emociones que nos permiten entender por qué se siente como se siente.
La lectura de “La cabaña” es sencilla y nos va llevando de forma fluida desde el interior de la mente del narrador hacia su pasado, hacia sus reflexiones más íntimas. Así llegamos a empatizar con él y entender sus miserias y su desesperación. Cabe resaltar que la forma en la que el autor consigue plasmar los diversos estados de la enfermedad resulta clara y muy interesante, en lo personal, me ha servido para entender mucho mejor el entramado retorcido que se gesta en una mente cautiva en la bipolaridad.
Hubo dos cosas que no me convencieron del todo. Lo primero es que por momentos me ha resultado reiterativo, como si el narrador quisiera explicarlo todo sin dejarnos sacar nuestras propias conclusiones sobre lo que ocurre y por qué. Lo segundo es que muestra una visión algo romántica del trastorno, como si fuese una exigencia buscarle el lado bello al asunto para poder hablar o escribir sobre él. Esto es algo muy propio de la literatura a la hora de tratar dolencias de este tipo, pero que no comparto del todo. Pienso que sobre ciertas situaciones no se puede tener un discurso estético o bello. De todas formas, creo que es un libro que merece la pena.


Racionalizar el futuro

Racionalizar lo que ocurre para adelantarse a las situaciones: esta es una de las principales obsesiones que trae aparejado el trastorno bipolar. De alguna forma, existe la idea de que todo puede ser explicado a través de un minucioso uso de la razón, y ese es el objetivo que se propone el protagonista.
Quiere explicarlo todo, racionalizarlo todo para plasmarlo en el árbol, pero como se trata de un imposible pasa por diversos estados en los que por momentos siente que puede conseguirlo y vive instantes de éxtasis impresionantes en los que siente que puede tocar el cielo-mundo con las manos, y en ocasiones se siente desolado, cuando entiende que es imposible y que hay miles de cabos sueltos que no pueden atravesarse ni explicarse de forma matemática. Así va pasando de la euforia a la depresión, con todo lo que ello supone. La forma en la que Víctor ha conseguido plasmar las sensaciones de cada uno de estos estados y la necesidad de racionalizar los acontecimientos es genial. Sin duda, uno de los aspectos fuertes de este libro.
“La cabaña” nos invita a acompañar a un individuo a través de un laberinto en el que va a encontrarse con todo lo que le representa y donde tendrá que asumir sensaciones y experiencias que no le resultarán agradables. Al aceptar, sabemos que nada volverá a ser como antes; porque al intentar entender cómo funciona la psique de los otros asumimos la responsabilidad de mirar el mundo con nuevos ojos cada mañana. Es ésta una lectura muy recomendable para aquellos que deseen conocer más a fondo lo que provoca la bipolaridad y adentrarse en los entresijos del alma humana. ¡No se lo pierdan!


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miércoles, 8 de noviembre de 2017

Reseña de 'La taberna: Una libreta para el recuerdo' (Duky)





por Sandrusky (Duky)

Para leer la reseña en la web Munduky sigue este enlace




NOTA DEL AUTOR


Esta reseña fue publicada en las navidades pasadas, en medio de lo que fue para mí la fase final de un episodio que mandó al traste, entre muchas otras cosas, a una racha sin alcohol de más de medio año.
Esa racha para mí siempre estará representada por una novela de lo más especial, que no es otra que ‘La taberna: Una libreta para el recuerdo’.
Ahora me encuentro de nuevo enfrascado en una racha que aspira cuanto menos a superar a la anterior. Y dado que se va a cumplir un año de los fatídicos acontecimientos que he citado, no se me ocurre mejor momento para traer a Un universo en palabras, con un profundo agradecimiento a Duky, su fantástica reseña, que además va acompañada de unas geniales ilustraciones con algunas citas del libro, que podéis encontrar en la web Munduky.


RESEÑA


Un libro que he leído gracias a una lectura conjunta.
Debo decir que he leído el prologo y me ha gustado.

La historia nos habla de Joel, que no pasa por una etapa buena por culpa del alcohol y su enfermedad, es bipolar. Una mezcla  que puede resultar una autentica dinamita.

Una lucha contra una enfermedad sumada a una adicción, según he leído, es la propia lucha del autor también.
La mente de Joel creará una serie de personajes  para luchar contra temores, una novela con estados de ánimo variables, como en una montaña rusa. Los personajes son: Conciencia, Experiencia, Ilusión, conversando con ellos nos trasladará sus emociones y estos irán ayudándole.

Joel siempre irá acompañado de su libreta y por otra parte también iremos descubriendo lo que va anotando en ella, en pequeños extractos, que nos ayudara a entender a Joel.

El libro se lee bastante rápido, cierto que se me hizo un poco larga la última parte, pero en general he disfrutado de su lectura.

Un libro recomendado para aquellos a quienes les interese los temas que trata y si disfrutas el género del dramático.


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lunes, 16 de octubre de 2017

EL RESTO (de nuestras vidas)




Se ha ido una persona prácticamente vital para alguien muy importante para mí.
Podría perderme en ese pozo negro como noche sin luna ni estrellas, pero no lo haré sin antes introducir el carácter de esa persona que un buen día entró en mi vida, dejándome a su vez entrar yo en la suya.
Se trata de una andaluza simpática y atrevida como ella sola.
Una excelente persona que ha tenido que soportar duros reveses de la vida en los últimos tiempos, donde una archiconocida enfermedad llamó a las puertas de su casa para instaurarse en ella sin permiso.

Recuerdo cuando a mi abuela, antes que a mi abuelillo, les sucedió lo mismo.
Las repercusiones que sendos golpes supusieron para mi madre y cómo ella, con el paso del tiempo, demostró cómo dar una lección de entereza ante la adversidad.
Yo era muy pequeño cuando lo de mi abuela como para apenas recordarme en el lavabo a las seis de la mañana, saboreando el amargo sabor de lo que iba a identificar por vez primera como la muerte.
Sin embargo ya rondaba la veintena cuando lo de mi abuelo, y que falleciera me precipitó a una carrera alcohólico depresiva que despertó, ni más ni menos, que el mayor de todos mis males: El trastorno bipolar.

Me he desviado, sí, lo he hecho a posta.
Mis abuelos maternos son mis dos experiencias de partida de seres queridos que más me han afectado a mis 34 años.
Necesitaba relatar parte de mi propia experiencia al respecto para poder opinar, con cierto derecho y propiedad, cualquier vacua cosa acerca de la tragedia que ha dejado tan sola a bote pronto la casa de mi querida y buena amiga.
En este mismo instante, con tantas y tantas conversaciones telefónicas en mi memoria y tantísimos buenos momentos compartidos, se me hace muy doloroso saber, casi ver y prácticamente sentir lo maltrecho del estado del corazón de la mujer del sur.

No sé qué decir ante el envite del Viajero, salvo parrafadas y teorías sacadas de libros fantasiosos que de ser citados deberían en un momento así caer sobre mi cabeza.
Pero puedo decirte, amiga mía, que lo lamento. Siento mucho que esto esté ocurriendo.
Ten por seguro que podrás contar conmigo durante el resto. El resto de nuestras vidas.

Querría añadir dos nimiedades en este punto.
La primera, una lista de reproducción que periódicamente irá creciendo. Totalmente dedicada al punto vital, al momento, en el que ella y yo nos encontremos.




La segunda nimiedad es algo que me evoca tiempos mejores, en esa jovial fase de la juventud de toda sana amistad.
Se trata de un texto que me nació bien temprano, y que con ilusión traté que traspasara la distancia que nos separa.


AIRE

Las nubes teñían un cielo que amenazaba lluvia.
Solo ante un feo panorama, un individuo caminaba cabizbajo ensimismado en sus propios asuntos.
No esperaba que una nueva amistad aterrizaría con el cálido halo de veranos pasados en lo más profundo de su ser.
Intercambiando tímidas incursiones, un hombre y una mujer no se percataban de que un cristalino castillo se estaba construyendo sobre unos sólidos cimientos de confianza mutua.
El viciado aire de un turbio pasado ahogaba al dolido sujeto, que súbitamente sintió como un fresco soplo acariciaba su cabello mientras releía las palabras de esa bella persona que acababa de aterrizar con fuerza en su vida.
Cuando pudo escuchar esa voz sintió que una sonrisa le recorría por dentro.
Lo que se presentaba como una amenazadora noche donde las pesadillas de un tortuoso día se cernían sobre él, súbitamente adquirió el color primaveral de algo nuevo y preciado. 
Se trataba de una amistad que habría de lanzar esperanza y sosiego a un corazón muchas veces desbordado por el dolor de una efímera existencia.
El tiempo transcurría no obstante a su favor. Prueba de ello eran las bellas flores que aparecían en el renovado jardín de su vida.



Amiga mía, que tu ser querido descanse en paz.
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domingo, 8 de octubre de 2017

Reseña de 'La cabaña' (Maria ML)




RESEÑA DE 'LA CABAÑA'

por Maria ML

Para leer la reseña en el blog de Maria sigue este enlace




NOTA DEL AUTOR


Cuando María ML colgó en su fantástico blog Leyendo, Tejiendo y Cocinando en Klingon la reseña de mi novela La taberna: Una libreta para el recuerdo, tuve bien claro que debía corresponder tan magnífico trabajo de algún modo.
Me surgieron unas sinceras palabras que no se si hicieron justicia, pero al menos lo intentaron.

La cuestión es que aquí me encuentro de nuevo, frente al teclado, en idéntica tesitura pues de nuevo me ha hecho una reseña, esta vez de la novela ‘La cabaña’.
Sobra decir que me ha vuelto a dejar impresionado, alentándome a continuar con esta saga paulatinamente, puesto que me queda claro que el conglomerado de emociones que supone el viaje por el trastorno bipolar como es ‘La cabaña’ se identifica y, sobre todo, se siente.
Lo que querría subrayar es que esta reseña se publicó antes de que acabase 2016, conmigo contra las cuerdas por un fuerte ataque psicótico. La ilusión que me hizo, fuera de toda duda, hube de silenciarla largos meses puesto que tanto la caída psiquiátrica como la posterior recuperación están resultando tediosas y un tanto duras.

De todos modos, espero que siga siendo mejor tarde que nunca, y Maria ML acepte las disculpas por mi 2017 silencioso al respecto de lo que considero para mí un pequeño tesoro:
Esta reseña de ‘La cabaña’ que ahora comparto con todos vosotros.





RESEÑA


 Una cabaña perdida en medio de cualquier parte. Allí se acercan un niño con esperanza, un adolescente con ganas de luchar y un hombre abatido. Siempre los recibe el Anciano, que intenta portarse con ellos lo mejor posible. Durante sus visitas, le muestran al Anciano diferentes relatos que han ido escribiendo y que narran partes de su vida para ver que enseñanzas o experiencias pueden extraer de los escritos.

 De nuevo nos encontramos ante los entresijos de una enfermedad mental: la bipolaridad, vieja conocida que ya vimos en este libro, La Taberna, pero que no por eso resulta menos inquietante.

 Al igual que en el libro anterior, nos hallamos ante dos estilos o formas narrativas bien diferenciados: aunque el lenguaje utilizado a lo largo de todo el libro es sencillo, cuando lo que se cuenta es la interacción entre cualquiera de los personajes y el Anciano en la cabaña, la lectura es fácil de entender.

 Cuando se trata de los relatos escritos por el Adolescente y el Hombre, las cosas se tornan más enrevesadas. Hay algunos que cuesta trabajo entenderlos y avanzar en la lectura: te enredas en las frases y los párrafos, a veces hay que parar de leer para retomarlo y te produce una profunda sensación de desasosiego aunque esto último es extensible casi a la mayoría. Todo esto regado con una buena dosis de alcohol, omnipresente elemento en las dichas y desdichas.

 Vemos las diferentes emociones - Conciencia, Experiencia, Esperanza, Resolución,... - interactuando entre si y con el Hombre y el Adolescente como personas auténticas. Cómo el Monstruo aparece de vez en cuando tirando por tierra cualquier pequeño avance. La búsqueda incesante de uno mismo, su lugar en el mundo o de la raiz del problema. Cómo van evolucionando como personas. Cómo avanzan, se desarrollan y cambian los relatos. Todo esto rodeado de un escenario que es mezcla de fantasía y realidad: podemos encontrar algo parecido al cielo, al infierno, al mito de la caverna de Platón o incluso señales deformas de vida superior.

 De entre todos los relatos que aparecen, el que más me impactó fue "¿Se lo envuelvo para regalo?" es breve, conciso y aterrador sin ser de miedo.

 ¿Recomendado? Si, sin duda. A pesar de su variable complejidad a la hora de la lectura, es un esfuerzo que queda recompensado por todo el abanico de sentimientos, las emociones y el viaje al interior de una mente enferma que tenemos a nuestra mano.



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miércoles, 4 de octubre de 2017

Sueños tejidos en la madrugada

TEJIENDO SUEÑOS




El ganchillo, croché (galicismo de crochet) o tejido de gancho, es una técnica para tejer labores con hilo o lana que utiliza una aguja corta y específica, «el ganchillo» o «aguja de croché» de metal, plástico o madera.

Esta labor, similar al tricotado, consiste en pasar un anillo de hilo por encima de otro, aunque a diferencia de éste, se trabaja solamente con uno de los anillos cada vez.
También se denomina ganchillo a las piezas «tejidas» o realizados mediante esta técnica, como pueden ser: colchas, puntillas, centros de mesa, prendas de vestir, etc.

El amigurumi (編み包み? lit. peluche de punto) es una técnica de origen japonés que consiste en tejer pequeños muñecos mediante crochet. Los amigurumis toman forma principalmente de animales como ositos, conejos, gatos o perros, pero también se suelen crear otros muñecos con formas antropomorfas e incluso accesorios como bolsos o monederos.

El amigurumi es en Japón algo más que un simple pasatiempo, ya que forma parte de la cultura kawaii, término que podría traducirse como mono, tierno, adorable.



Tejiendo Sueños es una tienda de amigurumis que nace del empuje y la iniciativa de Silvia Gual de Libros de Ensueño, un blog del que ya he hablado a menudo y no por ello voy a cansarme de recomendar a aquellos que estén enamorados de la lectura o las ilustraciones, dos de las pasiones de la emprendedora que nos ocupa.
El caso es que ha encontrado un hueco entre sus costumbres habituales para sorprendernos con una certera inmersión en el mundo de los amigurumis, que en muy poco tiempo ha dado resultados de lo más asombrosos.

Como podéis comprobar a continuación, a partir de dos de las figuras de las que dispongo, la calidad de éstas está fuera de toda duda, y no hace más que verse aumentada.




Recomiendo que si deseáis conocer más información sobre sus productos conozcáis su tienda, que podéis encontrar tanto en su página de Facebook como en la cuenta oficial de Instagram.

Os dejo ahora con un breve relato que he preparado para la ocasión.




SUEÑOS TEJIDOS EN LA MADRUGADA


A esa hora donde se siente, casi se palpa, el silencio de todo cuanto te rodea.
A esas horas en las que el cansancio ha conquistado la penúltima batalla y el sueño te vence.
A esas alturas en las que la mente ansía desconectar para dar rienda suelta a cualesquiera sean los sueños que aguarden.

Es entonces cuando la tejedora trabaja con mayor empeño, suma paciencia e insaciable ilusión.

Va dando pistas para navegantes de lo que se está cociendo entre sus delicadas manos, castigadas aquí y allá por las fugaces aunque dolorosas punzadas de aguja.
Son fotos, instantáneas preciosas que inmortalizan hilos de colores agrupados en patrones de tan precisa como preciosista exactitud.

En unas aparece su mano sosteniendo pequeños animales de bella factura, mientras que en otras princesas de ensueño aparecen sitiadas por las bestias de la casa de la tejedora.

Un enorme gato maine coon olisquea con curiosidad a una tal Aurora enfundada en rosas pasteles.
Un regordete y calmado gato negro aparece soporífero, víctima del sueño, mientras la joven va situando un animal más, y otro más, preparando la foto perfecta mientras contiene el amago de una sonora sonrisa.

Ese es su mundo cuando teje, aislada del peligro y el dolor, del cansancio y el sufrimiento.
Erigida como capitana de su embarcación de crochet, navega con rumbo firme hasta que llega el fin de su jornada.

Las cinco de la mañana.

La tejedera suspira y deja caer hilo y aguja a ambos lados de su cuerpo, recostándose en su sofá.
Un rápido vistazo bastaría para efectuar la evaluación y el recuento, pero prefiere tomarse su tiempo. Aún todo está tranquilo en el ambiente.
Va posando su vista en todos y cada uno de los amigurumis que, listos para ser puestos a la venta, al menos esa noche serán sus hijos recién nacidos, y vivirán y dormirán a su lado hasta que el sol de un nuevo día los enseñe al resto del mundo.


Desliza su dedo sobre las fotografías, deteniéndose en una que le arranca la calma por completo, destrozándole el sosiego.
Tras ella, en la puerta que da al oscuro pasillo, los ojos brillantes de una alta silueta la han estado mirando desde no sabe bien cuando.
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